Existen vínculos claros entre la educación, la reducción de la pobreza y la sostenibilidad. Los pobres y marginados se ven desproporcionalmente afectados por las malas condiciones ambientales y socioeconómicas. Una educación adecuada y útil tiene el poder de cambiar la vida de las personas.  La educación tiene el potencial de equipar a las personas con las competencias que necesitan para mejorar sus medios de vida, posibilitar la participación en la toma de decisiones y la democracia y proporcionar más alternativas de empleo dentro de la fuerza laboral en la vida diaria. La educación de las mujeres y niñas es una medida especialmente efectiva para reducir la pobreza y alcanzar otros objetivos de sostenibilidad, ya que fortalece a las familias, las comunidades, las sociedades, las economías y los gobiernos. Mejorar la calidad y la cantidad de educación que reciben las niñas y las mujeres beneficia su salud y la de sus familias. Las mujeres educadas tienden a tener familias más pequeñas y en mejores condiciones de salud, y tienen mayores expectativas respecto de los niveles de instrucción de sus hijos.